jueves, 12 de julio de 2012

Absurdos con mary



 Considerado por los aficionados como una comedia de culto There's something about Mary (Loco por Mary en Latinoamérica y Algo pasa con Mary en España), Es una película estadounidense estrenada en el año 1998 por la 20th Century Fox. Una comedia romántica de humor escatológico (Gross-Out), dirigida por los hermanos Bobby y Peter Farrelly y protagonizado por los actores Ben Stiller, Cameron Díaz y Matt Dillon, entre otros. Tras convertirse en la película número uno del verano de 1998, ganando más de 350 millones de dólares en el resto del mundo y múltiples premios, incluyendo dos nominaciones a los Globos de oro y el premio de la National Association of Theater Owners al guión del año para los Farrelly. Los Farrelly revelaron por primera vez su estilo de comedia.

Básicamente la película trata sobre el enamoramiento obsesivo que tienen los hombres con Mary. Transcurre entre mediados de los 80´s y finales de los 90´s, al inicio de la película nos encontramos con Ted (Ben Stiller), un torpe y tímido adolescente, que consigue tener una cita en la graduación, nada más y nada menos que con la chica de sus sueños, Mary (Cameron Diaz). Cita que, antes de siquiera empezar, se convierte en un desastre debido al doloroso y humillante problema de Ted con la cremallera de su pantalón por lo que es trasladado al hospital. Antes de que Ted logre recuperarse Mary se muda a otro estado y dejan de verse. Trece años después, Ted sigue enamorado de Mary. Por consejo de su amigo Dom (Chris Elliott), decide contratar a un detective privado llamado Pat (Matt Dillon) para encontrarla; sólo que Pat también se enamora de Mary. Luego descubren que no son sólo ellos los que toman medidas desesperadas para estar cerca de Mary.

Sigue el argumento básico de una comedia romántica, dos personas se conocen, bromean entre ellas, pero a pesar de la atracción obvia para la audiencia no se ven románticamente involucrados por una barrera, él es un perdedor y ella la chica con la que todos sueñan. Luego llega el momento en que se separan. Pasado el tiempo él se da cuenta de que sigue enamorado de ella. Al tratar de volver con ella aparecen los obstáculos, mentiras y malentendidos. Ellos se encuentran de nuevo, las mentiras son reveladas junto con un acto de sinceridad, ella se da cuenta de que lo ama y al fin el tan esperado beso para poner final a la historia.

Una trama simple que sirve para articular un grupo de chistes y gags que oscilan entre lo escatológico, el humor negro y el mal gusto. Cada secuencia gira en torno a algún gag, como por ejemplo en las secuencias del inicio cuando Ted se mete en la pelea por la broma que le hacen a Warren y luego con el percance de la cremallera. La considero predecible ya que en cada escena los hombres obsesionados con Mary sufren alguna catástrofe, ya sea causado por otro interesado en Mary o por su propia estupidez; como es el caso de Ted que en su viaje en auto de Rhode Island a Miami es tomado por la policía y confundido con un homicida.   

En cuanto a los personajes tenemos a la deseada por todos Mary Jensen Matthews, (Cameron Diaz) una cirujana ortopédica de aproximadamente 16 años al inicio y luego 29 años Y no solo él sino también otros hombres, ya que Mary además de tener una apariencia física atractiva (rubia, delgada, etc.) es amable y considerada a tal punto de hacer sentir bien a los demás consigo mismos. 

Luego nos encontramos con la manada de locos enamorados obsesionados con Mary; comenzando con el protagonista Ted Stroehmann (Ben Stiller) un escritor torpe que en 13 años no ha sido capaz de superar un enamoramiento de secundaria. Y que a diferencia de los otros locos, al darse cuenta de que también ha engañado a Mary hace sus intenciones amorosas a un lado, es honesto y confiesa que lo que él desea es que ella sea feliz, al reconciliarla con su ex novio. 

Pat Healy (Matt Dillon) y Tucker/Norman Phipps (Lee Evans), un detective privado de mala calidad a quien Ted contrata para encontrar y realizar un seguimiento a Mary que acaba enamorándose de ella, y un repartidor de pizzas que también se enamora de Mary y se hace pasar por un arquitecto británico con el fin de conquistarla. Dos personajes que encarnan al típico personaje de comedia, la más baja calidad moral. Son estos dos quienes se encargan de alejar a los pretendientes de Mary hasta que se descubren el uno al otro. Otro loco al que vale la pena mencionar es a Dom-Woogie "Woganowski (Chris Elliott) el mejor amigo de Ted, casado y con supuestamente la vida perfecta, hasta que se descubre fue novio de Mary y tiene un fetiche para los zapatos de Mary; su obsesión es la más enfermiza de todas tal que le causa urticaria y acné en la cara. Es por quien Mary cambia su apellido y se muda a Miami.

Son ellos quienes generan el conflicto o trama de la película ya que este se genera a partir de sus vicios de carácter, ellos no buscan más que su propio bienestar, transgreden las normas sociales con su acoso y engaño, por lo cual son puestos en ridículo. Cada uno de ellos tiende a exaltar los defectos humanos, la hipocresía, la lujuria, la envidia, la corrupción, la altanería, el prejuicio, etc.

Junto a estos personajes están: Brett Favre como él mismo (cameo), jugador de futbol americano, apuesto fornido y amable; ex novio de Mary, en realidad la quiere pero cuando esta rompe con él por un engaño de Tuker, pero después Ted logra ponerse en contacto con él para juntarlos de nuevo, ya que según Ted es el único capaz de hacer feliz a Mary. 

Magda (Lin Shaye), la vecina viuda de Mary que se la pasa oyendo las conversaciones telefónicas de los vecinos y tiene un perro que al parecer odia a todos los hombres (tal vez también esta obsesionado con Mary), el cual es drogado por  Pat para causar buena impresión.  

En cuanto a la Familia de Mary tenemos a su madre Sheila Jensen (Markie Post), su padrastro Charlie (Keith David Jensen) y su hermano discapacitado mental Warren Jensen (W. Earl Brown) quien es expuesto como un personaje a mi parecer más inteligente de lo que parece, ya que logra aprovecharse de Ted, cuando destruye algún objeto nombra a otro como culpable, logra reconocer y recordar a Ted después de 13 años etc. 

Desde el punto de vista de género es comedia así como es romántica y corresponde al argumento básico de una comedia romántica, en la que el amor es voluble, con lo que nos podemos remontar a la fuente clásica de la comedia romántica  El sueño de una noche de verano, obra de teatro de William Shakespeare. A lo que se suma subgénero un de filmes cómicos basados fuertemente en humor escatológico el Gross-out, desarrollado durante la década de 1970. Desde los años 80, las comedias de este género se volvieron más populares y se convirtieron en modelo para futuros filmes como There's something about Mary, American Pie y otros. En cuanto al estilo es más que todo caricaturesco, exagerando para provocar humor, junto a un tono coloquial dinámico.

Sobre los recursos formales utilizados no hay mucho de resaltar, sobre lo visual tenemos panorámicas horizontales de seguimiento y reconocimiento, más que todo durante las citas de Mary. También un posible error de iluminación, ya que cuando esta se encuentra con Pat al salir del golf, cuando la toman a ella esta soleado mientras que cuando lo toman a él esta nublado.

Cabe mencionar también, ya dentro de los recursos sonoros a los trovadores vistos varias veces durante la película, uno de ellos se llama Jonathan Richman, el cantante. Es interesante que a pesar de que se puede oír las voces y la guitarra de acompañamiento junto a las líneas de percusión, esta música casi nunca coincide con lo que el baterista y el guitarrista están haciendo con sus instrumentos en la pantalla. Esto fue intencional por parte de los Farrelly pretende ser humorístico. Sus canciones son un dispositivo utilizado para narrar la historia y a los dos hombres no se consideran parte del elenco en universo de personajes.

Además hay otros posibles errores en la continuidad de las tomas, por ejemplo: cuando Mary y Pat se encuentran en el carnaval, su algodón de azúcar se reduce más rápido de lo que está comiendo; cuando Ted se queda atrapado su cremallera, chaqueta aparece y desaparece entre las tomas; y por ultimo uno que creo fue totalmente intencional, ya era hora de que tuvieran un poco de piedad con Ted, que es cuando van de pesca, Ted recibe es enganchado accidentalmente a través de su boca, con ganchos que perforan el labio y la mejilla. Sin embargo, en la escena próxima (y para el resto de la película) que no tiene vendaje, heridas ni cicatrices.

Es una película tremendamente irregular en cuanto a ritmo cómico se refiere, ya que lo mismo es capaz de hacer reír con cuatro o cinco gags realmente geniales, y que marcaron un precedente,  pero luego puede conseguir aburrir con las flojas secuencias que hay entre medio de esos puntos.

Hablando ya del tema tenemos una vez más la recurrencia al engaño para conseguir objetivos y la problemática sentimental de un grupo de hombres que creen que consiguiendo a una mujer idealizada lograran la felicidad, algo trascendental que los haga sentir mejor con sus patéticas vidas. 

Es cierto que su humor era tan efectivo como políticamente incorrecto, como perversa, desinhibida, escabrosa, de mal gusto, desvergonzada; burlándose sin tapujos de cosas como defectos físicos o situaciones y personajes bizarros. (Arma que en sus siguientes películas los Farrelly utilizarían de nuevo).Hablando claro, si es una película divertidísima, solo la primera vez que la ves; una vez vista deja de ser graciosa. No insulta tu inteligencia ni pone a prueba tu paciencia, es solo humor sin intención crítica, exponiendo una serie de acontecimientos absurdos. Y es que en el fondo, y como también pasa en Sr. y Sra. Smith, la cosa es una comedia romántica de las de toda la vida, que todos han visto alguna vez.

Lo peor son ciertos chistes de pésimo gusto que son supuestamente graciosos precisamente por ser obscenos; a mí más gracia me hace el asunto es cuando reina el absurdo y la hilaridad, no la escatología.

jueves, 7 de junio de 2012

CARNAGE: Según la guía de Joan Ferrés

 Lectura situacional:
Estrenada en cines a finales del 2011 y conocida en España bajo el título de Un dios salvaje y en México ¿Sabes quién viene?, es una coproducción entre Francia, Alemania, Polonia y España. Escrita y dirigida por Roman Polanski, basada en la obra Le dieu du carnage (Un dios salvaje), de la dramaturga francesa Yasmina Reza. Este drama y comedia negra se desarrolla en Brooklyn, Nueva York, aunque en realidad se rodó en París, debido al problema legal de Polanski, que le impide viajar a los Estados Unidos. Fue rodada en tiempo real (79 minutos) sin interrupciones ni elipsis, sobre un decorado interior predominante y otro exterior mostrado solo al inicio y final de la película. 

Lectura fílmica:
Lectura Narrativa
Pretende sacar a la luz múltiples contradicciones y prejuicios entre dos familias americanas de la clase burguesa. Mostrando la hipocresía clasista escondida tras la máscara de los buenos modales. Lo que comienza siendo una charla con frases cordiales, se vuelve todo lo contrario a medida que los padres van revelando sus ridículas contradicciones y grotescos prejuicios sociales.

Nos encontramos al inicio con que la única secuencia rodada en el exterior, el mismo plano es usado al final de la película. Vemos a un niño pegándole con un palo a otro, se corta la escena y muestran a dos matrimonios, los padres de la víctima y del agresor que se han reunido para hablar sobre la pelea entre sus hijos. Todo en un intento de aclarar civilizadamente las razones del altercado, pedir disculpas y reparar en lo posible el daño. 

He aquí el problema, el choque con la realidad, lo que convierte a esta película en comedia; una fuerza que impide a los visitantes marcharse, por mucho que lo deseen, solo alcanzan a tomar sus abrigos, despedirse, llegar al ascensor y de regreso al interior. Esa inmovilidad que llega a ser verosímil, logra que cada personaje se quite su respectiva mascara de cortesía, logra que se emborrachen, vomiten y se den los altercados verbales; para luego dar lugar a cierta calma, un respiro, que después reanuda la masacre. 

Superficialmente podemos ver en la película tres bloques; tenemos como punto de partida la disputa de los niños, luego la reunión de los padres y al final cuando los niños hacen las paces. Los bloques inicial y final son sencillos puesto que constan de secuencias fijas, sin dialogo alguno y explicitas. Sin embargo el bloque medio, que abarca casi por completo la película, se divide en las secuencias que verdaderamente hacen la película.

Comenzando con la fachada de completa cordialidad acompañada de un celular que no para de sonar, siguiendo con el primer intento de salida del apartamento en el que se produce la primera subida de tono entre ambos matrimonios. Para llegar luego al momento del vómito que da pie a los insultos, un nuevo intento de salida fallido. Luego del cual está la verdadera discusión llena de insultos y recriminaciones, ya no un matrimonio contra el otro sino esposa versus esposo, lo que da cabida a la aparición del alcohol, desvaríos y una calmada charla finalmente honesta (lo que nos hace pensar que está cerca la solución) y de repente celular al agua, ellas contra ellos y viceversa. Finalizando con más bebida, más insultos mesclados con verdades, alguien quiere vomitar de nuevo y el milagro tecnológico, el maldito celular aún funciona.   

Estamos ante un guión cuya estructura narrativa es: situación de partida (un niño golpea a otro), conflicto (padres que se toman la disputa a pecho), dificultad para resolverlo (padres que no se ponen de acuerdo), generación de nuevos conflictos (adultos que pierden el control) y solución (los niños vuelven a jugar juntos). No hay una solución final para el conflicto entre los adultos.

Contiene cambios de tempo y un marcado crescendo en los humores de los cuatro personajes, provocado por la introducción de información anteriormente no conocida, que pone al revés la situación: la supuesta víctima podría ser el verdadero abusador. Pero parece que estos momentos no han sabido o no han querido ser bien marcados por Polanski. Sin embargo hay unas falsas divisiones creadas por los intentos de “huida” de los Cowan, que parecerían marcar más los giros o cambios de tempo que el propio texto en sí. Con ello, la progresión no queda del todo clara y menos aún la cercanía de una conclusión o redondeo de la discusión.  

Aquí no hay ni buenos ni malos, ni siquiera vencedores y vencidos. Sólo cuatro personajes, todos adultos, que se irritan en una calurosa discusión que va desvariando más y más a medida que ésta se va alargando innecesariamente. Parejas empiezan a lanzarse frases malintencionadas, violencia verbal y psicológica sin reparo alguno e incluso no tendrán escrúpulos al sacar los trapos sucios de sus respectivos matrimonios, solo para intentar demostrar a los otros quién tiene la razón. 

Llegando a cierto punto, deja de importar el motivo por el cual discutían, pues la cantidad de impertinencias e insultos que se sueltan, radica exclusivamente en la confrontación pura para ver quién tiene razón, quién está equivocado, quién es más falso y quién ha perdido más los nervios. La situación se descontrola de tal modo que nadie está a salvo de recibir su dosis de ofensa personal, y todos los intentos por calmar los ánimos e instaurar la paz acaban fracasando.

Cada uno tiene su propia opinión sobre cómo canalizar el conflicto que afecta sus hijos (desde cómo definir la agresión hasta cómo castigar al agresor, pasando por ver quién tiene mayor o menor culpa), y de ahí surgen otros temas en los que por supuesto no logran ponerse de acuerdo. A ratos ellos se alían contra ellas y ellas contra ellos, pero al final la cosa resulta en todos contra todos. Y el esfuerzo recalcitrante por alzarse como la voz de la razón de unos, como el desinterés y la parsimonia de otros, provoca que el asunto les estalle en la cara.

Ahora bien, cada actor está sembrado en su personaje, Christoph Waltz como Alan Cowan; es quien mayor nota cómica imprime a las interpretaciones, aunque su personaje esté definido desde el inicio con los mismos matices con los que finaliza. El abogado de profesión, más pendiente de atender, su irritante teléfono que no para de sonar, que en entablar una conversación con los padres del niño al que su hijo a desdentado, interrumpiendo las conversaciones y sus frases maleducadas e impertinentes que solo provocan enojo en los otros personajes; lo cual parece incluso disfrutar. 

Kate Winslet, la señora Nancy Cowan, en un comienzo una mujer reservada y muy tolerante que finalmente, y con la ayuda de un poquito de alcohol (porque no hay nada mejor que un buen whisky para amenizar una carnicería verbal), se desinhibe por completo y saca la bestia feroz que lleva dentro; es ella quien encarna de manera más canónica lo que el largometraje quiere plasmar: la fragilidad de esa capa de buenos modales que, unos más que otros, todos tratamos de anteponer en las relaciones sociales. 

Jodie Foster, como Penélope Longstreet hace pensar en una parodia de las actuaciones dramáticas y exageradas de las grandes divas del cine que obtienen premios y reconocimiento con su –“No me hables del sufrimiento en África…”–. Llega a ser el personaje más irritante de todos dado su elevado complejo de superioridad. Una santa, una doña perfecta, cuya moral y ética son superiores a las de su esposo e invitados, o eso cree ella. Dueña absoluta de la verdad, Penny, una intelectual muy preocupada por los males del mundo, la madre que siente el dolor de su hijo, incluso más que él mismo; no tarda mucho en perder los estribos. 

John C. Reilly encarna a Michael Longstreet el personaje con mayor evolución y casi el único al que la destructiva situación le resulta producente. Un humilde vendedor de artículos del hogar que aspira a pertenecer a una clase social superior. De ahí que presuma ante sus invitados de sus ostentosos placeres privados, como un whisky de 18 años y unos puros de primerísima calidad. Michael intenta calmar la situación aunque le saquen de quicio algunos comentarios. Sin embargo, su actitud excesivamente conciliadora no sirve para nada, además de que realmente para él no tiene importancia lo que allí se discute.

En cuanto al entorno físico la película fue rodada con un decorado que finge ser Nueva York, no solo por los edificios que se proyectan por la ventana, sino también por el gusto burgués cultivado que sus habitantes parecen haber impreso en la elección del mobiliario y los complementos. Polanski no ha hecho ningún esfuerzo en darle una apariencia cinematográfica a su adaptación de la obra teatral, pues solo se da el respiro al exterior al inicio y al final, con sendos planos generales de los niños en el parque; y aun así logra que sea realista y fácilmente creíble. 

El resto transcurre en lo que casi podría considerarse una única escena en el interior del apartamento, del que solo vemos la sala, la cocina y el baño. A esto se le suman los elementos que actúan como impulso de los desacuerdos entre los personajes, envueltos en la discusión, son arrojados al agua, azotados y bañados en vómito; el celular último modelo, los radiantes tulipanes amarillos y las revistas de colección. 

A Polanski le basta poner a  sus cuatro intérpretes en un único espacio cerrado (la casa)  en la cual el ambiente se va haciendo cada vez peor y del cual parece imposible escapar; puesto que esas opresoras paredes que conforman el hogar de los Longstreet son las que posibilitan el poner en evidencia la hipocresía que dos acomodadas familias americanas esconden detrás de sus buenos modales y sus buenas intenciones.

Análisis Formal
Desde la perspectiva del género, está claro es una comedia, pero una comedia de las inteligentes, cargada de un humor negro y un estilo que desprende sátiras, ironías y hasta parodias que hacen al espectador pedir más y quedar insatisfecho con el pronto final. Al mismo tiempo es un drama, puesto que es fácil para el espectador ponerse en el lugar de los personajes y los conflictos entre ellos son universales.  

Técnicamente lo que diferencia a esta película de la obra de teatro en que está basada es nada más y nada menos que las acciones paralelas, las conversaciones que se dan simultáneamente mientras los Cowan están en la sala y los Longstreet en la cocina, ambas parejas hablando de la primera impresión o cuando los Cowan están en el baño y los Longstreet en la sala, ahora quejándose de la actitud y las acciones de los otros, etc.  En cuanto al manejo de los planos cinematográficos tenemos una mayoría de primeros planos y planos medios, junto con un par de momentos de cámara en mano que nos muestran un recorrido por los pasillos del apartamento.

Como director Polanski tiene su estilo propio, un talento narrativo y visual al moverse exclusivamente a través de una casa, sin que esto le desagrade al espectador, da cuenta tanto de esto como de su experiencia. Un ambiente en el que predominan los colores tierra, una gama de marrones y grises que se contrastan con el amarillo brillante de los tulipanes. Algo que hace sentir que ha pasado más tiempo del que en realidad dura la película, valiéndose de un sutil, pero perceptible cambio, en la en la luz que atraviesa las ventanas de la casa; el atardecer. La misma sutileza del dialogo, el cual llega a restarle importancia a la locación, un dialogo desenfrenado pero al mismo tiempo rítmico, con sus pequeñas pausas, que al terminar dan paso a una nueva ola de agresiones verbales; impulsados por los irritantes sonidos de un celular y los de un secador de cabello.

Lectura Temática
Tanto la historia como los personajes tienen un nivel de universalidad que rallan con lo cotidiano,  madres sobreprotegiendo a sus hijos y padres desobligados que no prestan atención a este tipo de asuntos; un hombre arrogante, prepotente y sínico, junto al que aparenta simpatía y comprensión para salir rápido del embrollo. Además de un encuentro con la madre sabelotodo dictadora de su propia opinión, con la frágil y necesitada buenita que pretende seguir las reglas. 

Aunque llega un momento en el que Polanski da más protagonismo al humor que a las implicaciones socioculturales de sus cuatro personajes, está claro que el tema principal es desenmascarar las costumbres sociales, haciendo a un lado el velo de las apariencias, la hipocresía y el cinismo en que está sumergido el comportamiento humano debido a la importancia dada a los estándares sociales. Como subtemas tenemos la preocupación por la educación, los choques de convivencia familiar, el matrimonio envuelto en la rutina y la crítica a la clase social burguesa. Sin embargo, puede que ocurriese que al director le importara poco el tema y ha preferido divertirse con la adaptación; o bien lo que en un inicio tenía mayor atención (los mensajes) se salieron de las manos del director, de los protagonistas y hasta en la sala de montaje.

Durante la película podemos apreciar a dos mujeres aparentemente opuestas en un inicio ya que Nancy tiende a parecer una conservadora y Penélope una liberal, pero al caracterizarlas podemos darnos cuenta de que son responsables, estudiadas y trabajadoras; aunque son vistas por sus esposos como simples amas de casa y para presumir, se dejan llevar fácilmente por estos. En cuanto a los hombres tenemos a los trabajadores, el abogado al que solo le importa su trabajo y el vendedor al que solo le importa el qué dirán, ambos con una completa falta de sensibilidad. 

Entre los personajes vemos una gran gama de valores puestos de cabeza, entre estos principalmente la convivencia y la tolerancia, rotas por completo debido al orgullo y las apariencias. Con la conclusión de la película se puede inferir que se promueve la humildad, la tolerancia y sobretodo la honestidad; al mismo tiempo desacreditando la cordialidad y las costumbres “civilizadas”, puesto que esta es una visión de una sociedad actual sumida en la total hipocresía a la cual se quiere llamar la atención.

La identificación con la situación de los personajes es bastante factible ya que en algún momento de su vida cualquier persona ha llegado a discutir por una trivialidad. Es conforme avanza la historia que se conoce por completo a los personajes, cuando estos son desenmascarados y en medida que son comparados entre sí. En un primer momento es la situación la que se logra percibir como jocosa pero al tomar uno a uno cada personaje, estos se tornan desagradables, irritantes y hasta se siente un poco de vergüenza y pesar ajeno, por el lio tan ridículo en el que están metidos.  

Pese a esto, para el espectador que va más allá del entretenimiento, tenemos una interesante reflexión sobre el individualismo y el rechazo absoluto a las buenas costumbres. El retrato de un mundo intolerante y en decadencia, encerrado en sí mismo y acerca de la estupidez de los adultos que con su madurez no fueron capaces de resolver una discusión que para los niños fue borrón y cuenta nueva.

Lectura Valorativa
Valoración Narrativa
La película cuenta con un argumente que pese a ser parte de la vida cotidiana y los desacuerdos y la mala convivencia entre familiares son muy vistos en numerosas películas, es el punto de vista con el que es manejado lo que lo vuelve original y le da una fuerza cautivadora, puesto que la estructura con la que es mostrada logra dar un fácil comprensión.

Entre los protagonistas con encontramos con seis estereotipos, los de los dos niños; el pandillero y la víctima sobreprotegida. Los padres, el trabajador excesivo y el que aparenta para ahorrarse problemas. Las madres, la prepotente sabelotodo  y la  sensible menospreciada por su esposo. En cuanto al maniqueísmo el principal, por ser el que da inicio a la trama es el de opresor-víctima, es decir bueno-malo; pero esto pasa a segundo plano cuando se da el enfrentamiento entre hombre y mujeres y se da la disputa por saber quiénes están bien y quienes mal, quién tiene la razón o quién será lo suficientemente fuerte para hacer prevalecer sus ideales.

Repartir las culpas y las responsabilidades es bastante complejo ya que en determinado momento los personajes pierden el hilo del problema inicial, se generan nuevos problemas, los cuales no son solucionados y además a l final todo termina siendo algo sin importancia. Todo esto es apoyado por el entorno físico, ya que enriquece a los personajes y a la atmosfera con su contribución a caracterizar la región y el estatus social de las parejas; a lo que sumamos el ambiente cerrado que ayuda a generar tensión entre las parejas.

Valoración Formal
Como ya ha sido mencionado anteriormente las discusiones, vistas desde fuera son entretenidas y más aún si se deben a cosas nimias, por lo que  al hacer de esto una crítica a la sociedad, qué mejor que empezar por la familia, el primer núcleo social al que somos expuestos y por supuesto seguido por la escuela y las amistades que en ella se forman.  Ya que por lo general es fácil escapar de este tipo de conflictos, haber “encerrado” a los personajes ha sido la mejor opción para hacer surgir sus verdaderas intenciones y opiniones.

Valoración Temática
Desde el punto de vista ético, al ser esta una crítica a la hipocresía de la sociedad y como somos moldeados por esta a partir de la familia, la educación, el trabajo y la convivencia con el entorno; esta película deja de lado las diferencias entre las ideologías para dar lugar primordialmente a que cierto tipo de conflictos se dan sobre todo por orgullo y falta de tolerancia. Es aceptable que en un principio se tratara de solucionar el conflicto, pero al buscar un culpable definitivo y un castigo para este, se pierde el objetivo inicial. Ya que la película concuerda en su mayoría con situaciones reales con las que nos sentimos identificados la violencia física y verbal no puede ser dejada de lado; porque al hacer esto se habría perdido parte de su credibilidad.

Durante la película vemos como claramente se da privilegio a la exposición de las ideologías de los personajes, los aspectos éticos de estos y la percepción de los estados de ánimo, el cambio en las emociones de cada uno. Con lo que se logra transmitir la idea de una sociedad basada enteramente en mentiras y apariencias. El espectador reacciona de tal modo en que puede llegar a reprocharse y aceptarse a sí mismo ya que él, al salir a la sociedad también usa una máscara ya sea para aparentar o bien para evitarse problemas.

jueves, 26 de abril de 2012

Carnage: Una carnicería verbal muy amena



Estrenada a finales del 2011 y conocida en España bajo el título de Un dios salvaje y en México ¿Sabes quién viene?, es una coproducción entre Francia, Alemania, Polonia y España. Escrita y dirigida por Roman Polanski, basada en la obra Le dieu du carnage (Un dios salvaje), de la dramaturga francesa Yasmina Reza. Aunque esta comedia negra se desarrolla en Brooklyn, Nueva York, en realidad se rodó en París, debido al problema legal de Polanski, que le impide viajar a los Estados Unidos.

Nos encontramos pues al inicio con que la única secuencia rodada en el exterior ocurre al inicio y final de la película. Al principio vemos a un niño pegándole con un palo a otro, se corta la escena y muestran a dos matrimonios, los padres de la víctima y del agresor que se han reunido para hablar sobre la pelea entre sus hijos. Todo en un intento de aclarar civilizadamente las razones del altercado, pedir disculpas y reparar en lo posible el daño. 

He aquí el problema, el choque con la realidad, lo que convierte a esta película en comedia; esa fuerza extraña que impide a los visitantes marcharse, por mucho que lo deseen, solo alcanzan a tomar sus abrigos, despedirse, llegar al ascensor y de regreso al interior. Esa inmovilidad que llega a ser verosímil, logra que cada personaje se quite su respectiva mascara de cortesía, logra que se emborrachen, vomiten y se den los altercados verbales; para luego dar lugar a cierta calma, un respiro, que después reanuda la masacre. 

Estamos ante un guión cuya estructura narrativa es: situación de partida (un niño golpea a otro), conflicto (padres que se toman la disputa a pecho), dificultad para resolverlo (padres que no se ponen de acuerdo), generación de nuevos conflictos (adultos que pierden el control) y solución (los niños vuelven a jugar juntos). No hay una solución final para el conflicto entre los adultos.

Contiene cambios de tempo y un marcado crescendo en los humores de los cuatro personajes, provocado por la introducción de información anteriormente no conocida, que pone al revés la situación: la supuesta víctima podría ser el auténtico abusador. Pero parece que estos momentos no han sabido o no querido ser bien marcados por Polanski. Sin embargo hay unas falsas divisiones creadas por los intentos de “huida” de los Cowan, que parecerían marcar más los giros o cambios de tempo que el propio texto en sí. Con ello, la progresión no queda del todo clara y menos aún la cercanía de una conclusión o redondeo de la discusión.  

Aquí no hay ni buenos ni malos, ni siquiera vencedores y vencidos. Sólo cuatro personajes, todos adultos, que se irritan en una calurosa discusión que va desvariando más y más a medida que ésta se va alargando innecesariamente. Parejas que empezarán a lanzarse frases malintencionadas sin reparo alguno e incluso no tendrán escrúpulos al sacar los trapos sucios de sus respectivos matrimonios.

Llegando a cierto punto, deja de importar el motivo por el cual discutían, pues la cantidad de impertinencias e insultos que se sueltan, radica exclusivamente en la confrontación pura para ver quién tiene razón, quién está equivocado, quién es más falso y quién ha perdido más los nervios. La situación se descontrola de tal modo que nadie está a salvo de recibir su dosis de ofensa personal, y todos los intentos por calmar los ánimos e instaurar la paz acaban fracasando.

Cada uno tiene su propia opinión sobre cómo canalizar el conflicto que afecta sus hijos (desde cómo definir la agresión hasta cómo castigar al agresor, pasando por ver quién tiene mayor o menor culpa), y de ahí surgen otros temas en los que por supuesto no logran ponerse de acuerdo. A ratos ellos se alían contra ellas y ellas contra ellos, pero al final la cosa resulta en todos contra todos. Y el esfuerzo recalcitrante por alzarse como la voz de la razón de unos, como el desinterés y la parsimonia de otros, provoca que el asunto les estalle en la cara.


Ahora bien, cada actor está sembrado en su personaje, Christoph Waltz como Alan Cowan; es quien mayor nota cómica imprime a las interpretaciones, aunque su personaje esté definido desde el inicio con los mismos matices con los que finaliza. El abogado de profesión, más pendiente de atender, su irritante teléfono que no para de sonar, que en entablar una conversación con los padres del niño al que su hijo a desdentado, interrumpiendo las conversaciones y sus frases maleducadas e impertinentes que solo provocan enojo en los otros personajes; lo cual parece incluso disfrutar. 

Kate Winslet, la señora Nancy Cowan, en un comienzo una mujer reservada y muy tolerante que finalmente, y con la ayuda de un poquito de alcohol (porque no hay nada mejor que un buen whisky para amenizar una carnicería verbal), se desinhibe por completo y saca la bestia feroz que lleva dentro; es ella quien encarna de manera más canónica lo que el largometraje quiere plasmar: la fragilidad de esa capa de buenos modales que, unos más que otros, todos tratamos de anteponer en las relaciones sociales. 

Jodie Foster, como Penélope Longstreet hace pensar en una parodia de las actuaciones dramáticas y exageradas de las grandes divas del cine que obtienen premios y reconocimiento con su –“No me hables del sufrimiento en África…”–. Llega a ser el personaje más irritante de todos dado su elevado complejo de superioridad. Una santa, una doña perfecta, cuya moral y ética son superiores a las de su esposo e invitados, o eso cree ella. Dueña absoluta de la verdad, Penny, una intelectual muy preocupada por los males del mundo, la madre que siente el dolor de su hijo, incluso más que él mismo; no tarda mucho en perder los estribos. 

John C. Reilly encarna a Michael Lonstreet el personaje con mayor evolución y casi el único al que la destructiva situación le resulta producente. Un humilde vendedor de artículos del hogar que aspira a pertenecer a una clase social superior. De ahí que presuma ante sus invitados de sus ostentosos placeres privados, como un whisky de 18 años y unos puros de primerísima calidad. Michael intenta calmar la situación aunque le saquen de quicio algunos comentarios. Sin embargo, su actitud excesivamente conciliadora no sirve para nada, además de que realmente para él no tiene importancia lo que allí se discute.

Rodando la casi totalidad de la película en un decorado que finge ser Nueva York, no solo por los edificios que se proyectan por la ventana, sino también por el gusto burgués cultivado que sus habitantes parecen haber impreso en la elección del mobiliario y los complementos, Polanski no ha hecho ningún esfuerzo en darle una apariencia cinematográfica a su adaptación de la obra teatral, pues solo se da el respiro al exterior al inicio y al final, con sendos planos fijos de los niños en el parque; y aun así logra que sea realista y fácilmente creíble. El resto transcurre en lo que casi podría considerarse una única escena en el interior del apartamento, del que solo vemos la sala, la cocina y el baño.

A Polanski le basta poner a  sus cuatro intérpretes en un único espacio (la casa)  en la cual el ambiente se va haciendo cada vez peor y del cual parece imposible escapar; puesto que esas opresoras paredes que conforman el hogar de los Longstreet son las que ponen en evidencia la hipocresía que dos acomodadas familias americanas esconden detrás de sus buenos modales y sus buenas intenciones.

Desde la perspectiva del género, está claro es una comedia, pero una comedia de las inteligentes, cargada de un humor negro y un estilo que desprende sátiras, ironías y hasta parodias que hacen al espectador pedir más y quedar insatisfecho con el pronto final, es que solo dura 80 minutos. 

Como director Polanski tiene su estilo propio, un talento narrativo y visual al moverse exclusivamente a través de una casa, sin que esto le desagrade al espectador da cuenta tanto de esto como de su experiencia. Que incluso hace sentir que ha pasado más tiempo del que en realidad dura la película, valiéndose de un sutil, pero perceptible cambio, en la en la luz que atraviesa las ventanas de la casa; el atardecer. La misma sutileza del dialogo, el cual llega a restarle importancia a la locación, un dialogo desenfrenado pero al mismo tiempo rítmico, con sus pequeñas pausas, que al terminar dan paso a una nueva ola de agresiones verbales; impulsados por los irritantes sonidos de un celular y los de un secador de cabello.

Aunque llega un momento en el que Polanski da más protagonismo al humor que a las implicaciones socioculturales de desenmascarar a sus cuatro personajes, está claro que el tema es criticar la hipocresía y el cinismo en que está sumergido el comportamiento humano. Puede que ocurriese que al director le importara poco el tema y ha preferido divertirse con la adaptación; o bien lo que en un inicio tenía mayor atención (los mensajes) se salieron de las manos del director, de los protagonistas y hasta en la sala de montaje.

Pese a esto, para el espectador que va más allá del entretenimiento, tenemos una interesante reflexión sobre el individualismo y el rechazo absoluto a las buenas costumbres. El retrato de un mundo intolerante y en decadencia, encerrado en sí mismo y acerca de la estupidez de los adultos que con su madurez no fueron capaces de resolver una discusión que para los niños fue borrón y cuenta nueva.