Lectura situacional:
Estrenada en cines
a finales del 2011 y conocida en España bajo el título de Un dios salvaje y en México ¿Sabes
quién viene?, es una coproducción entre Francia, Alemania, Polonia y
España. Escrita y dirigida por Roman Polanski, basada en la obra Le dieu du carnage (Un dios salvaje), de
la dramaturga francesa Yasmina Reza. Este drama y
comedia negra se desarrolla en Brooklyn, Nueva York, aunque en realidad se rodó
en París, debido al problema legal de Polanski, que le impide viajar a los
Estados Unidos. Fue rodada en tiempo real (79 minutos) sin interrupciones ni
elipsis, sobre un decorado interior predominante y otro exterior mostrado solo
al inicio y final de la película.
Lectura fílmica:
Lectura Narrativa
Pretende sacar a
la luz múltiples contradicciones y prejuicios entre dos familias americanas de
la clase burguesa. Mostrando la hipocresía clasista escondida tras la máscara
de los buenos modales. Lo que comienza siendo una charla con frases cordiales, se vuelve
todo lo contrario a medida que los padres van revelando sus ridículas
contradicciones y grotescos prejuicios sociales.
Nos encontramos al
inicio con que la única secuencia rodada en el exterior, el mismo plano es
usado al final de la película. Vemos a un niño pegándole con un palo a otro, se
corta la escena y muestran a dos matrimonios, los padres de la víctima y del
agresor que se han reunido para hablar sobre la pelea entre sus hijos. Todo en
un intento de aclarar civilizadamente las razones del altercado, pedir
disculpas y reparar en lo posible el daño.
He aquí el
problema, el choque con la realidad, lo que convierte a esta película en
comedia; una fuerza que impide a los visitantes marcharse, por mucho que lo
deseen, solo alcanzan a tomar sus abrigos, despedirse, llegar al ascensor y de
regreso al interior. Esa inmovilidad que llega a ser verosímil, logra que cada
personaje se quite su respectiva mascara de cortesía, logra que se emborrachen,
vomiten y se den los altercados verbales; para luego dar lugar a cierta calma,
un respiro, que después reanuda la masacre.
Superficialmente
podemos ver en la película tres bloques; tenemos como punto de partida la
disputa de los niños, luego la reunión de los padres y al final cuando los
niños hacen las paces. Los bloques inicial y final son sencillos puesto que
constan de secuencias fijas, sin dialogo alguno y explicitas. Sin embargo el
bloque medio, que abarca casi por completo la película, se divide en las
secuencias que verdaderamente hacen la película.
Comenzando con la
fachada de completa cordialidad acompañada de un celular que no para de sonar,
siguiendo con el primer intento de salida del apartamento en el que se produce
la primera subida de tono entre ambos matrimonios. Para llegar luego al momento
del vómito que da pie a los insultos, un nuevo intento de salida fallido. Luego
del cual está la verdadera discusión llena de insultos y recriminaciones, ya no
un matrimonio contra el otro sino esposa versus esposo, lo que da cabida a la
aparición del alcohol, desvaríos y una calmada charla finalmente honesta (lo
que nos hace pensar que está cerca la solución) y de repente celular al agua,
ellas contra ellos y viceversa. Finalizando con más bebida, más insultos
mesclados con verdades, alguien quiere vomitar de nuevo y el milagro
tecnológico, el maldito celular aún funciona.
Estamos ante un
guión cuya estructura narrativa es: situación de partida (un niño golpea a
otro), conflicto (padres que se toman la disputa a pecho), dificultad para
resolverlo (padres que no se ponen de acuerdo), generación de nuevos conflictos
(adultos que pierden el control) y solución (los niños vuelven a jugar juntos).
No hay una solución final para el conflicto entre los adultos.
Contiene cambios
de tempo y un marcado crescendo en los humores de los cuatro personajes,
provocado por la introducción de información anteriormente no conocida, que
pone al revés la situación: la supuesta víctima podría ser el verdadero
abusador. Pero parece que estos momentos no han sabido o no han querido ser
bien marcados por Polanski. Sin embargo hay unas falsas divisiones creadas por
los intentos de “huida” de los Cowan, que parecerían marcar más los giros o
cambios de tempo que el propio texto en sí. Con ello, la progresión no queda
del todo clara y menos aún la cercanía de una conclusión o redondeo de la
discusión.
Aquí no hay ni
buenos ni malos, ni siquiera vencedores y vencidos. Sólo cuatro personajes,
todos adultos, que se irritan en una calurosa discusión que va desvariando más
y más a medida que ésta se va alargando innecesariamente. Parejas empiezan a
lanzarse frases malintencionadas, violencia verbal y psicológica sin reparo
alguno e incluso no tendrán escrúpulos al sacar los trapos sucios de sus
respectivos matrimonios, solo para intentar demostrar a los otros quién tiene
la razón.
Llegando a cierto
punto, deja de importar el motivo por el cual discutían, pues la cantidad de
impertinencias e insultos que se sueltan, radica exclusivamente en la
confrontación pura para ver quién tiene razón, quién está equivocado, quién es
más falso y quién ha perdido más los nervios. La situación se descontrola de
tal modo que nadie está a salvo de recibir su dosis de ofensa personal, y todos
los intentos por calmar los ánimos e instaurar la paz acaban fracasando.
Cada uno tiene su
propia opinión sobre cómo canalizar el conflicto que afecta sus hijos (desde
cómo definir la agresión hasta cómo castigar al agresor, pasando por ver quién
tiene mayor o menor culpa), y de ahí surgen otros temas en los que por supuesto
no logran ponerse de acuerdo. A ratos ellos se alían contra ellas y ellas
contra ellos, pero al final la cosa resulta en todos contra todos. Y el
esfuerzo recalcitrante por alzarse como la voz de la razón de unos, como el
desinterés y la parsimonia de otros, provoca que el asunto les estalle en la
cara.
Ahora bien, cada
actor está sembrado en su personaje, Christoph Waltz como Alan Cowan; es quien
mayor nota cómica imprime a las interpretaciones, aunque su personaje esté
definido desde el inicio con los mismos matices con los que finaliza. El
abogado de profesión, más pendiente de atender, su irritante teléfono que no
para de sonar, que en entablar una conversación con los padres del niño al que
su hijo a desdentado, interrumpiendo las conversaciones y sus frases maleducadas
e impertinentes que solo provocan enojo en los otros personajes; lo cual parece
incluso disfrutar.


Kate Winslet, la
señora Nancy Cowan, en un comienzo una mujer reservada y muy tolerante que
finalmente, y con la ayuda de un poquito de alcohol (porque no hay nada mejor
que un buen whisky para amenizar una carnicería verbal), se desinhibe por
completo y saca la bestia feroz que lleva dentro; es ella quien encarna de
manera más canónica lo que el largometraje quiere plasmar: la fragilidad de esa
capa de buenos modales que, unos más que otros, todos tratamos de anteponer en
las relaciones sociales.
Jodie Foster, como
Penélope Longstreet hace pensar en una parodia de las actuaciones dramáticas y
exageradas de las grandes divas del cine que obtienen premios y reconocimiento con
su –“No me hables del sufrimiento en África…”–. Llega a ser el personaje más
irritante de todos dado su elevado complejo de superioridad. Una santa, una
doña perfecta, cuya moral y ética son superiores a las de su esposo e
invitados, o eso cree ella. Dueña absoluta de la verdad, Penny, una intelectual
muy preocupada por los males del mundo, la madre que siente el dolor de su
hijo, incluso más que él mismo; no tarda mucho en perder los estribos.
John C. Reilly
encarna a Michael Longstreet el personaje con mayor evolución y casi el único
al que la destructiva situación le resulta producente. Un humilde vendedor de
artículos del hogar que aspira a pertenecer a una clase social superior. De ahí
que presuma ante sus invitados de sus ostentosos placeres privados, como un
whisky de 18 años y unos puros de primerísima calidad. Michael intenta calmar la
situación aunque le saquen de quicio algunos comentarios. Sin embargo, su
actitud excesivamente conciliadora no sirve para nada, además de que realmente
para él no tiene importancia lo que allí se discute.
En cuanto al
entorno físico la película fue rodada con un decorado que finge ser Nueva York,
no solo por los edificios que se proyectan por la ventana, sino también por el
gusto burgués cultivado que sus habitantes parecen haber impreso en la elección
del mobiliario y los complementos. Polanski no ha hecho ningún esfuerzo en darle
una apariencia cinematográfica a su adaptación de la obra teatral, pues solo se
da el respiro al exterior al inicio y al final, con sendos planos generales de
los niños en el parque; y aun así logra que sea realista y fácilmente creíble.
El resto
transcurre en lo que casi podría considerarse una única escena en el interior
del apartamento, del que solo vemos la sala, la cocina y el baño. A esto se le
suman los elementos que actúan como impulso de los desacuerdos entre los
personajes, envueltos en la discusión, son arrojados al agua, azotados y
bañados en vómito; el celular último modelo, los radiantes tulipanes amarillos
y las revistas de colección.
A Polanski le
basta poner a sus cuatro intérpretes en
un único espacio cerrado (la casa) en la
cual el ambiente se va haciendo cada vez peor y del cual parece imposible
escapar; puesto que esas opresoras paredes que conforman el hogar de los
Longstreet son las que posibilitan el poner en evidencia la hipocresía que dos
acomodadas familias americanas esconden detrás de sus buenos modales y sus
buenas intenciones.
Análisis Formal
Desde la
perspectiva del género, está claro es una comedia, pero una comedia de las
inteligentes, cargada de un humor negro y un estilo que desprende sátiras,
ironías y hasta parodias que hacen al espectador pedir más y quedar insatisfecho
con el pronto final. Al mismo tiempo es un drama, puesto que es fácil para el
espectador ponerse en el lugar de los personajes y los conflictos entre ellos
son universales.
Técnicamente lo
que diferencia a esta película de la obra de teatro en que está basada es nada
más y nada menos que las acciones paralelas, las conversaciones que se dan simultáneamente
mientras los Cowan están en la sala y los Longstreet en la cocina, ambas
parejas hablando de la primera impresión o cuando los Cowan están en el baño y
los Longstreet en la sala, ahora quejándose de la actitud y las acciones de los
otros, etc. En cuanto al manejo de los
planos cinematográficos tenemos una mayoría de primeros planos y planos medios,
junto con un par de momentos de cámara en mano que nos muestran un recorrido
por los pasillos del apartamento.
Como director
Polanski tiene su estilo propio, un talento narrativo y visual al moverse
exclusivamente a través de una casa, sin que esto le desagrade al espectador,
da cuenta tanto de esto como de su experiencia. Un ambiente en el que
predominan los colores tierra, una gama de marrones y grises que se contrastan
con el amarillo brillante de los tulipanes. Algo que hace sentir que ha pasado
más tiempo del que en realidad dura la película, valiéndose de un sutil, pero
perceptible cambio, en la en la luz que atraviesa las ventanas de la casa; el
atardecer. La misma sutileza del dialogo, el cual llega a restarle importancia
a la locación, un dialogo desenfrenado pero al mismo tiempo rítmico, con sus pequeñas
pausas, que al terminar dan paso a una nueva ola de agresiones verbales;
impulsados por los irritantes sonidos de un celular y los de un secador de
cabello.
Lectura Temática
Tanto la historia
como los personajes tienen un nivel de universalidad que rallan con lo
cotidiano, madres sobreprotegiendo a sus
hijos y padres desobligados que no prestan atención a este tipo de asuntos; un
hombre arrogante, prepotente y sínico, junto al que aparenta simpatía y comprensión
para salir rápido del embrollo. Además de un encuentro con la madre sabelotodo
dictadora de su propia opinión, con la frágil y necesitada buenita que pretende
seguir las reglas.
Aunque llega un
momento en el que Polanski da más protagonismo al humor que a las implicaciones
socioculturales de sus cuatro personajes, está claro que el tema principal es desenmascarar
las costumbres sociales, haciendo a un lado el velo de las apariencias, la
hipocresía y el cinismo en que está sumergido el comportamiento humano debido a
la importancia dada a los estándares sociales. Como subtemas tenemos la preocupación
por la educación, los choques de convivencia familiar, el matrimonio envuelto
en la rutina y la crítica a la clase social burguesa. Sin embargo, puede que
ocurriese que al director le importara poco el tema y ha preferido divertirse
con la adaptación; o bien lo que en un inicio tenía mayor atención (los
mensajes) se salieron de las manos del director, de los protagonistas y hasta en
la sala de montaje.
Durante la película
podemos apreciar a dos mujeres aparentemente opuestas en un inicio ya que Nancy
tiende a parecer una conservadora y Penélope una liberal, pero al
caracterizarlas podemos darnos cuenta de que son responsables, estudiadas y
trabajadoras; aunque son vistas por sus esposos como simples amas de casa y para
presumir, se dejan llevar fácilmente por estos. En cuanto a los hombres tenemos
a los trabajadores, el abogado al que solo le importa su trabajo y el vendedor
al que solo le importa el qué dirán, ambos con una completa falta de sensibilidad.
Entre los
personajes vemos una gran gama de valores puestos de cabeza, entre estos
principalmente la convivencia y la tolerancia, rotas por completo debido al
orgullo y las apariencias. Con la conclusión de la película se puede inferir que
se promueve la humildad, la tolerancia y sobretodo la honestidad; al mismo
tiempo desacreditando la cordialidad y las costumbres “civilizadas”, puesto que
esta es una visión de una sociedad actual sumida en la total hipocresía a la
cual se quiere llamar la atención.
La identificación con
la situación de los personajes es bastante factible ya que en algún momento de
su vida cualquier persona ha llegado a discutir por una trivialidad. Es
conforme avanza la historia que se conoce por completo a los personajes, cuando
estos son desenmascarados y en medida que son comparados entre sí. En un primer
momento es la situación la que se logra percibir como jocosa pero al tomar uno
a uno cada personaje, estos se tornan desagradables, irritantes y hasta se
siente un poco de vergüenza y pesar ajeno, por el lio tan ridículo en el que están
metidos.
Pese a esto, para
el espectador que va más allá del entretenimiento, tenemos una interesante
reflexión sobre el individualismo y el rechazo absoluto a las buenas
costumbres. El retrato de un mundo intolerante y en decadencia, encerrado en sí
mismo y acerca de la estupidez de los adultos que con su madurez no fueron
capaces de resolver una discusión que para los niños fue borrón y cuenta nueva.
Lectura Valorativa
Valoración
Narrativa
La película cuenta con un argumente que pese a ser parte de la vida
cotidiana y los desacuerdos y la mala convivencia entre familiares son muy
vistos en numerosas películas, es el punto de vista con el que es manejado lo
que lo vuelve original y le da una fuerza cautivadora, puesto que la estructura
con la que es mostrada logra dar un fácil comprensión.
Entre los protagonistas con encontramos con seis estereotipos, los de
los dos niños; el pandillero y la víctima sobreprotegida. Los padres, el
trabajador excesivo y el que aparenta para ahorrarse problemas. Las madres, la prepotente
sabelotodo y la sensible menospreciada por su esposo. En
cuanto al maniqueísmo el principal, por ser el que da inicio a la trama es el
de opresor-víctima, es decir bueno-malo; pero esto pasa a segundo plano cuando
se da el enfrentamiento entre hombre y mujeres y se da la disputa por saber quiénes
están bien y quienes mal, quién tiene la razón o quién será lo suficientemente
fuerte para hacer prevalecer sus ideales.
Repartir las culpas y las responsabilidades es bastante complejo ya que
en determinado momento los personajes pierden el hilo del problema inicial, se
generan nuevos problemas, los cuales no son solucionados y además a l final
todo termina siendo algo sin importancia. Todo esto es apoyado por el entorno físico,
ya que enriquece a los personajes y a la atmosfera con su contribución a
caracterizar la región y el estatus social de las parejas; a lo que sumamos el
ambiente cerrado que ayuda a generar tensión entre las parejas.
Valoración Formal
Como ya ha sido mencionado anteriormente las discusiones, vistas desde
fuera son entretenidas y más aún si se deben a cosas nimias, por lo que al hacer de esto una crítica a la sociedad,
qué mejor que empezar por la familia, el primer núcleo social al que somos
expuestos y por supuesto seguido por la escuela y las amistades que en ella se
forman. Ya que por lo general es fácil escapar
de este tipo de conflictos, haber “encerrado” a los personajes ha sido la mejor
opción para hacer surgir sus verdaderas intenciones y opiniones.
Valoración Temática
Desde el punto de vista ético, al ser esta una crítica a la hipocresía
de la sociedad y como somos moldeados por esta a partir de la familia, la educación,
el trabajo y la convivencia con el entorno; esta película deja de lado las
diferencias entre las ideologías para dar lugar primordialmente a que cierto
tipo de conflictos se dan sobre todo por orgullo y falta de tolerancia. Es
aceptable que en un principio se tratara de solucionar el conflicto, pero al
buscar un culpable definitivo y un castigo para este, se pierde el objetivo
inicial. Ya que la película concuerda en su mayoría con situaciones reales con
las que nos sentimos identificados la violencia física y verbal no puede ser
dejada de lado; porque al hacer esto se habría perdido parte de su credibilidad.
Durante la película vemos como claramente se da privilegio a la exposición
de las ideologías de los personajes, los aspectos éticos de estos y la percepción
de los estados de ánimo, el cambio en las emociones de cada uno. Con lo que se
logra transmitir la idea de una sociedad basada enteramente en mentiras y
apariencias. El espectador reacciona de tal modo en que puede llegar a
reprocharse y aceptarse a sí mismo ya que él, al salir a la sociedad también usa
una máscara ya sea para aparentar o bien para evitarse problemas.
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